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viernes, 19 de junio de 2026

Encuentro intergeneracional de fin de curso en Trabanca

 

Las personas de Trabanca que participan en el programa Mayores en Comunidad, acompañadas por Nuria Vicente, educadora y dinamizadora de las actividades sociocomunitarias y talleres de envejecimiento activo, promovieron, un año más, la celebración de un encuentro con los niños y niñas de la escuela de la localidad, perteneciente al CRA Los Arribes. Esta jornada tuvo lugar el 16 de junio en el recinto al aire libre que hace las veces de patio del colegio.

Tras un juego de presentación de los asistentes al encuentro, que quedaron entrelazados simbólicamente por el hilo de un ovillo de lana, varias mujeres de Trabanca, entre ellas Teresa y Celestina, rescataron de la memoria algunos acertijos ingeniosos y divertidos, de esos que se utilizaban en otros tiempos para activar la inteligencia infantil y que siguen gustando a los niños de hoy.

Después, tomó el protagonismo un grupo de mujeres de Monleras que se desplazó hasta Trabanca, mujeres que cada martes participan en el taller de lana y colaboran en proyectos de dinamización comunitaria y solidaridad con la Asociación La IAIA. Estas mujeres leyeron a los niños de Trabanca un cuento que ellas mismas han tejido a ganchillo e ilustrado con lanas de colores, que trata de los beneficios que aportan las ovejas y de los usos y propiedades de la lana que nos regalan. A continuación, les propusieron jugar a encontrar las ovejitas de lana escondidas en los alrededores de las escuelas, que, una vez localizadas todas, les regalaron.

Por último, mayores y pequeños disfrutaron juntos de juegos tradicionales que hicieron revivir a los primeros la etapa de su niñez y enseñaron a los segundos lo divertido que es jugar en grupo, sin más recurso que la imaginación y las ganas de pasarlo bien.

Para despedida, las personas mayores de Trabanca convidaron a los asistentes con bizcocho y refresco.

La Asociación Escuelas Campesinas de Salamanca agradece la colaboración desinteresada de las personas mayores participantes en la actividad, así como de ese equipo de maestros formado por Rosana y Jorge, entusiastas de la escuela rural, al igual que la presencia de los padres y madres que hicieron un hueco en sus tareas para compartir este momento con sus hijos y de varias personas voluntarias de la Asociación dispuestas siempre a apoyar.

El programa Mayores en Comunidad cuenta con el respaldo de la Gerencia de Servicios Sociales de la Junta de Castilla y León, de la que recibe una subvención con cargo al IRPF.

 







El Papa denuncia en Canarias la inhumanidad de un mundo que mira para otro lado

 

“Todos somos migrantes”

Hacemos nuestro el mensaje con el que el papa León XIV interpeló a nuestra sociedad en el centro de acogida Las Raíces, en su visita a las islas Canarias, del que presentamos un extracto.

 

Son vidas humanas despojadas de casi todo, pero no de su dignidad.

¿Hemos sabido reconocer a Cristo en su desembarco?

La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas, ni de ningún lugar donde la violencia, el hambre... siguen hiriendo la dignidad humana.

En el mar hay monstruos: mafias, trata, indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados.

Creemos en un Dios que pone límite al mal, cuando parece imponerse la muerte.

La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados en las aguas.

Los migrantes deben dejar de ser cifras, comprender que son personas, que podrían ser de nuestra familia.

Personas obligadas a partir porque la guerra, la violencia o el hambre les cerraron el camino.

Quiero inclinarme ante su dignidad. No son un número ni un expediente. Son personas, con historia, familia. Si vida debe ser protegida. No se fíen de falsas promesas, de la industria de la muerte.

Hay que hacer un examen de conciencia. Los países de origen deben crear condiciones de buena vida. Los países de tránsito deben garantizar seguridad. Los países de Europa no acostumbrarse. Ha de establecerse una cooperación eficaz y perseverante.

La Iglesia no puede delegar la acogida en algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante Cristo en el altar: no podemos luego pasar de largo ante cayucos y pateras.

Que la preocupación llegue a los que tienen responsabilidad: gobiernos, administraciones, etc. Y a la comunidad cristiana y a la gente de buena voluntad.

¿Qué mundo hemos construido si tanta gente tiene que arriesgar su vida? Hay el derecho a buscar un refugio cuando la vida peligra, pero también un derecho a no tener que emigrar.

No podemos acostumbrarnos a contar muertos.

No es posible mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera.

Que la historia no tenga que juzgar a esta generación como la que se acostumbró a ver el dolor como un decorado de fondo. 

¿Qué queda de nuestra humanidad? Es la pregunta que trae cada vida que llega.