“Todos somos migrantes”
Hacemos nuestro el mensaje con el que el papa León XIV
interpeló a nuestra sociedad en el centro de acogida Las Raíces, en su visita a
las islas Canarias, del que presentamos un extracto.
Son vidas humanas despojadas de casi todo, pero no de su
dignidad.
¿Hemos sabido reconocer a Cristo en su desembarco?
La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas, ni de
ningún lugar donde la violencia, el hambre... siguen hiriendo la dignidad
humana.
En el mar hay monstruos: mafias, trata, indiferencia de
muchos que permiten que los pobres sean tragados.
Creemos en un Dios que pone límite al mal, cuando parece
imponerse la muerte.
La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son
abandonados en las aguas.
Los migrantes deben dejar de ser cifras, comprender que son
personas, que podrían ser de nuestra familia.
Personas obligadas a partir porque la guerra, la violencia
o el hambre les cerraron el camino.
Quiero inclinarme ante su dignidad. No son un número ni un
expediente. Son personas, con historia, familia. Si vida debe ser protegida. No
se fíen de falsas promesas, de la industria de la muerte.
Hay que hacer un examen de conciencia. Los países de origen
deben crear condiciones de buena vida. Los países de tránsito deben garantizar
seguridad. Los países de Europa no acostumbrarse. Ha de establecerse una
cooperación eficaz y perseverante.
La Iglesia no puede delegar la acogida en algunos
voluntarios. Nos arrodillamos ante Cristo en el altar: no podemos luego pasar
de largo ante cayucos y pateras.
Que la preocupación llegue a los que tienen
responsabilidad: gobiernos, administraciones, etc. Y a la comunidad cristiana y
a la gente de buena voluntad.
¿Qué mundo hemos construido si tanta gente tiene que
arriesgar su vida? Hay el derecho a buscar un refugio cuando la vida peligra,
pero también un derecho a no tener que emigrar.
No podemos acostumbrarnos a contar muertos.
No es posible mirar el dolor ajeno como si no nos
perteneciera.
Que la historia no tenga que juzgar a esta generación como
la que se acostumbró a ver el dolor como un decorado de fondo.
¿Qué queda de nuestra humanidad? Es la pregunta que trae
cada vida que llega.

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