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viernes, 19 de junio de 2026

El Papa denuncia en Canarias la inhumanidad de un mundo que mira para otro lado

 

“Todos somos migrantes”

Hacemos nuestro el mensaje con el que el papa León XIV interpeló a nuestra sociedad en el centro de acogida Las Raíces, en su visita a las islas Canarias, del que presentamos un extracto.

 

Son vidas humanas despojadas de casi todo, pero no de su dignidad.

¿Hemos sabido reconocer a Cristo en su desembarco?

La Iglesia no puede desentenderse de estas aguas, ni de ningún lugar donde la violencia, el hambre... siguen hiriendo la dignidad humana.

En el mar hay monstruos: mafias, trata, indiferencia de muchos que permiten que los pobres sean tragados.

Creemos en un Dios que pone límite al mal, cuando parece imponerse la muerte.

La Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados en las aguas.

Los migrantes deben dejar de ser cifras, comprender que son personas, que podrían ser de nuestra familia.

Personas obligadas a partir porque la guerra, la violencia o el hambre les cerraron el camino.

Quiero inclinarme ante su dignidad. No son un número ni un expediente. Son personas, con historia, familia. Si vida debe ser protegida. No se fíen de falsas promesas, de la industria de la muerte.

Hay que hacer un examen de conciencia. Los países de origen deben crear condiciones de buena vida. Los países de tránsito deben garantizar seguridad. Los países de Europa no acostumbrarse. Ha de establecerse una cooperación eficaz y perseverante.

La Iglesia no puede delegar la acogida en algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante Cristo en el altar: no podemos luego pasar de largo ante cayucos y pateras.

Que la preocupación llegue a los que tienen responsabilidad: gobiernos, administraciones, etc. Y a la comunidad cristiana y a la gente de buena voluntad.

¿Qué mundo hemos construido si tanta gente tiene que arriesgar su vida? Hay el derecho a buscar un refugio cuando la vida peligra, pero también un derecho a no tener que emigrar.

No podemos acostumbrarnos a contar muertos.

No es posible mirar el dolor ajeno como si no nos perteneciera.

Que la historia no tenga que juzgar a esta generación como la que se acostumbró a ver el dolor como un decorado de fondo. 

¿Qué queda de nuestra humanidad? Es la pregunta que trae cada vida que llega.



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