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jueves, 18 de noviembre de 2021

Jornada de visita a iniciativas de emprendimiento social en la Sierra de Francia


 Un grupo de veintiuna personas, casi en su totalidad mujeres, nos acercamos hasta la Sierra de Francia el día 16 de noviembre para conocer in situ dos innovadoras iniciativas de emprendimiento social que nos podían servir de referencia para enfocar con acierto proyectos similares en nuestro territorio.

La primera experiencia que visitamos fue el proyecto de agroecología promovido por el Ayuntamiento de San Martín del Castañar. De la mano del alcalde, Alfonso Calvo, y la ingeniera agrónoma que está al frente, Sara Montero, visitamos los terrenos e invernaderos de cultivo en ecológico, donde nos expusieron el sentido de una iniciativa que apuesta por el retorno a la tierra y a la producción de alimentos de cercanía y calidad en una comarca cuyo desarrollo ha pivotado casi en exclusiva sobre el sector turístico. Los acuerdos de venta directa a restaurantes de la zona y la repercusión que están alcanzando los mercados ecológicos que se celebran una vez al mes figuran entre los aciertos del proyecto. Nos interesamos por el proceso seguido hasta el momento, los recursos personales y económicos a que han accedido, la colaboración de las instituciones, la repercusión en la zona y los planes de futuro, tales como la introducción de cabras en el monte público, el compostaje de los residuos orgánicos del municipio o un proyecto de biomasa para el sostenimiento energético de la comunidad de vecinos. Concluimos la estancia en San Martín con la visita guiada al Centro de interpretación de la Reserva de la Biosfera de las Sierras de Béjar y Francia, ubicado en el castillo.

La segunda parte de la jornada transcurrió en San Esteban de la Sierra, localidad donde tiene su sede ASAM, asociación hermanada con la nuestra en el seno de Colectivos de Acción Solidaria. 

En San Esteban nos ceñimos al conocimiento y confrontación de la iniciativa de cuidados promovida por la Junta de Castilla y León y desarrollada por Asprodes en colaboración con Asam, que apuesta por el modelo de vida independiente y la permanencia de las personas mayores en su casa y en su entorno. Entre sus objetivos descacan: asegurar los cuidados en casa y en el entorno, hacer frente al proceso de despoblamiento rural y generar empleo que permita fijar población y asentar a nuevos pobladores en la zona. Ellos llevan casi dos años trabajando en el programa “A gusto en mi casa” y su experiencia nos sirve para encauzar la iniciativa que ahora se intenta replicar en otras comarcas, como es el caso de la nuestra, aprendiendo de las dificultades y resistencias que han tenido que superar, las estrategias de las que se han valido y las claves de los logros conseguidos: 67 viviendas vinculadas al Centro y 56 puestos de trabajo creados.

Finalizamos la jornada con la comida compartida en el restaurante La Botica en el mismo San Esteban, otro interesante ejemplo de emprendimiento en el sector turístico.

La actividad cuenta con el respaldo del programa de Mujeres y del de "Gente y Tierra".











jueves, 29 de octubre de 2020

Experiencia Marta Torres.

Marta Torres García

    












Vivo en Monleras (Salamanca), un pueblo muy vivo cultural y socialmente, situado al lado del pantano de Almendra, en la comarca de Tierra de Ledesma. Mi trabajo está a diez minutos en coche, en la residencia de mayores de El Manzano. La residencia donde trabajo es pequeña (cuenta con diez residentes) y formamos una pequeña familia entre trabajadoras y personas a las que cuidamos. 


Conocemos sus gustos y preocupaciones, lo que nos permite dar a cada uno un trato más personal y cercano. En este tipo de residencias la base fundamental de la gestión es primar el bienestar y trato a los residentes por encima del ánimo de lucro. Los residentes pueden permanecer cerca de sus hogares, evitando ese desarraigo y permitiéndoles seguir viviendo en sus pueblos. El personal que trabajamos en la residencia somos personas que vivimos en El Manzano o pueblos de alrededores, por lo que conocemos a nuestros residentes y a sus familias, pudiendo dar un trato más cercano. Hemos estado libres de covid-19, pero juntos hemos sufrido por la situación que ha afectado a todo el país. Hemos compartido miedos y preocupaciones, hemos echado de menos a nuestras familias (a las que dejamos de ver), el salir a la calle a dar un pequeño paseo y en definitiva todo aquello que en un día a día era normal. Hemos pasado angustia, sobre todo las primeras semanas, debido a la incertidumbre y sin saber si alguno estaríamos contagiado. Seguimos las medidas adecuadas indicadas por los organismos competentes. Aprendimos a utilizar y a convivir en el día a día con mascarillas, geles, EPIS y protocolos de actuación y desinfección. Pero la angustia seguía; para ellos, que se sentían población vulnerable, aunque el estar en sus pueblos y aislados de los grandes núcleos urbanos les reconfortaba. También para todas las que trabajábamos en la residencia que de la noche a la mañana nos vimos supliendo ausencias familiares, ejerciendo de psicólogos aficionados y trasmitiendo tranquilidad a pesar de que interiormente se estaba igual de asustada. 












Desde los primeros días todas las trabajadoras fuimos conscientes de que era responsabilidad nuestra no llevar el virus dentro de la residencia y empezó nuestra particular fase donde se tenía presente en todo momento de nuestra vida personal que teníamos que evitar contagiarnos para no contagiar a los demás. Llega la «nueva normalidad» y no podemos olvidar lo que hemos pasado con la covid-19, ni a todo el personal sanitario que ha luchado frente al virus con un coraje sobrehumano y poniendo sobre la mesa el valor de la sanidad pública, de la que tenemos que sentir orgullo. Por eso cuando ahora oigo hablar de residencias medicalizadas, pienso que a nuestros mayores en caso de enfermedad no se les puede cerrar el acceso a esa sanidad pública ni a los hospitales, donde nadie duda que tendrán la mejor asistencia sanitaria y los mejores profesionales. Empieza otra fase, con visitas, con más trato social para todos, pero no podemos olvidar que el virus sigue fuera esperando y quiero pedir responsabilidad a todo el mundo porque nuestros mayores se merecen que los protejamos.