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lunes, 21 de septiembre de 2026

Entrevista a Beatriz Canals Brage

 

“El voluntariado es por encima de todo un regalo”

 

Beatriz, profesora de inglés jubilada, recaló por el Bajo Tormes hace varios años atraída por la experiencia de espiritualidad carmelitana promovida por el padre Ramón en Villaseco de los Reyes. De las primeras estancias temporales, que se fueron alargando, dio el paso a dejar Madrid para residir en Monleras de forma casi permanente. En este entorno rural encuentra el silencio, la belleza natural y la calidez humana que busca, una tierra con el tempero para cultivar la espiritualidad y desarrollar su labor intelectual. Su compromiso como voluntaria, en el programa “Envejecer en Comunidad” y en el acompañamiento a personas vulnerables, ha sido una forma de implicarse de lleno en la comunidad rural.

 

-¿Por qué te decidiste a dar el salto desde Madrid a una de las comarcas más despobladas de la España interior?

Pues, la verdad, no creo que yo pueda resumirlo mejor que como se hace en la introducción a esta entrevista. Solo añadir que, si algo he encontrado en este lugar —que acaso no esperaba–, es un tempero sencillamente excepcional.

 

-¿Qué resaltarías de tu experiencia como nueva pobladora en Monleras?

Todo. Digamos que voy de asombro en asombro, porque lo que ofrece Monleras es algo que Madrid –y, para el caso, cualquier gran ciudad– no puede ofrecer de forma tan inmediata y con tanta generosidad. Por tanto, lo que más resaltaría es que, en apenas año y medio, ya me siento monleriense.

 

-No solo te has quedado a vivir entre nosotros, como una vecina más, sino que has asumido un compromiso de voluntariado al servicio de las pequeñas comunidades rurales ¿Qué te empujó al voluntariado?

Es sabido que la jubilación –especialmente si nos alcanza sanos y en plenas facultades– es un momento propicio para dedicarle más tiempo a los demás. En Madrid, ya jubilada, a través del programa Solidarios para el desarrollo, visitaba semanalmente a Toñi, una ciega que vivía sola no lejos de mi casa… hasta su fallecimiento. Darle continuidad a esa experiencia cobraba pleno sentido en el mundo rural, tan necesitado siempre de ayuda; pero, en primera instancia, era la forma más directa de implicarme en esta comunidad.

 

-Los talleres de gimnasia que impartes están siendo un revulsivo que dinamiza la participación comunitaria. ¿Cómo enfocas esta actividad? ¿Por qué se ha convertido en un espacio tan especial, sobre todo para el colectivo de mujeres?

Que una requetejubilada imparta gimnasia a una buena colección de jubilados –y no solo, pues acuden personas más jóvenes– se me antoja una feliz ironía. Y, sin embargo, funciona. Enfoco la actividad casi como una ‘quedada’ de amigos para hacer ejercicio juntos. Al cabo, yo solo animo las sesiones puesto que me beneficio del talento de excelentes monitores de gimnasia para adultos mayores de tantos lugares del planeta. El ordenador, YouTube y un altavoz ad hoc hacen el resto. Si se ha convertido en una cita especial es acaso porque la motivación es altísima, la exigencia no decae y porque a todos –a las mujeres, en particular– nos gusta sentir que podemos con el desafío.



 

-Además, te has volcado en el acompañamiento a personas mayores que viven solas o apenas salen de casa. ¿Qué tipo de apoyo les prestas?

Acompañar a mi madre hasta su último suspiro (a los 93 años) seguramente me ha equipado para disfrutar de la compañía de los mayores, con independencia de si están sanos o enfermos, lúcidos o desmemoriados. No hay dos casos iguales, de ahí que el apoyo varíe. Unas veces es conversación; otras veces, paseos; y otras, aliviar o compartir durante un rato la carga que puedan suponer para sus familiares o cuidadores más cercanos. Eso sí, en todos, creo, prevalece el sentido del humor y la alegría.

 

-¿Qué te está aportando a ti personalmente el voluntariado? ¿Animarías a otras personas a buscar su espacio de voluntariado?

El voluntariado es por encima de todo un regalo… ¡para el voluntario! Ponerse a disposición de otros es una continua fuente de aprendizaje. Y no hay anciana o anciano, por muy dependiente que sea, o precisamente por eso, que no tenga tanto que enseñarnos: por ejemplo, su extrema vulnerabilidad y cómo acierta a convivir con ella. Huelga añadir que animaría a cualquier persona y de cualquier edad a dar gratis lo que recibió gratis.   

 

-Desde tu visión como alguien que viene de la gran ciudad, ¿consideras que los pueblos tienen futuro como espacios para el cuidado de las personas, como entornos amigables donde envejecer con dignidad?

El futuro ¿quién puede predecirlo? Pero el presente, que es lo que cuenta, no puede ser más prometedor. Monleras es un vivo ejemplo de ese eslogan que reza: los mayores, primero. Llama poderosamente la atención la sensibilidad social que hay por aquí y cómo, a las duras y a las maduras, todos velan por todos. Es el catering a domicilio, el centro de día, las residencias de mayores diseminadas por la zona, las actividades culturales de altísimo nivel, el fisioterapeuta y la podóloga, y es, por ejemplo, la plaza de la Libertad donde diariamente, al caer la tarde, se reúnen espontáneamente los mayores para charlar, desahogarse o ponerse al día. No en vano la llaman jocosamente Tele5. En este pueblo amenazado por la despoblación no solo se envejece con dignidad. Se crece con ella. Y si no, que se lo pregunten a los niños que juegan felices y despreocupados todas las tardes en el corazón de Monleras.

 




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