El Noroeste salmantino se ha adhiere
a la reivindicación de la Revuelta de la España Vaciada y manifiesta su
anhelo de esperanza con el resonar de campanas que han convocado a las pequeñas
comunidades rurales.
Algunos pueblos, como Monleras y Yecla de Yeltes,
convocaron concentraciones el domingo 30,
en las que se leyó el manifiesto
consensuado para el VI aniversario del movimiento social, en el que se hace
memoria de estos años de lucha por revertir el proceso de despoblación y
abandono que ha llevado a amplios territorios al borde de la supervivencia; se
reivindica el mundo rural como un lugar como un espacio de oportunidades
para construir alternativas a una sociedad en crisis; se denuncian las nuevas
amenazas que en forma de macrogranjas, megaproyectos energéticos o minería
extractiva nos convierten en tierra de sacrificio al servicio de los intereses
especulativos del gran capital, y se hace un llamamiento a la acción ciudadana
y al compromiso de las Administraciones que aseguren los derechos sociales de
quienes vivimos en la España vaciada, porque "ser pocos no resta derechos".
El lunes 31 de marzo han sido las campanas de las iglesias las que han
convocado de nuevo a las comunidades rurales en un gesto simbólico que ha unido
a multitud de pueblos en al menos dieciocho diócesis, entre ellas la de
Salamanca, que han acogido y apoyado la propuesta que les hizo el Movimiento
Rural Cristiano y el Movimiento de Jóvenes Rurales Cristianos, para alertar
sobre la realidad del despojo y vaciamiento que sufre el mundo rural y para
transmitir un aliento de esperanza y apoyo a los habitantes de los pueblos. En
el Noroeste salmantino sonaron las campanas en muchos de nuestros pueblos:
Torresmenudas, Añover de Tormes, Monleras, El Manzano, Almendra, Trabanca,
Villarino de los Aires, Cabeza de Framontanos, Pereña de la Ribera, Boada,
Ledesma…y seguramente en bastantes más.
Las campanas sonaron a duelo, porque nuestros territorios se vacían y desangran;
sonaron a concejo, a reunión, a llamada a la acción; sonaron
a fiesta, porque frente a los problemas y retos a los que nos enfrentamos
somos capaces de aportar nuestras manos, nuestra unión, nuestro deseo de
salir adelante, nuestro compromiso con la tierra que amamos; sonaron a canto que nos despierta y nos
pone en pie, para buscar caminos nuevos; sonaron a recordatorio de que muchas
veces nos han engañado con promesas que no se han cumplido. Por eso sonaron las
campanas, porque todo eso nos ofrece motivos de esperanza y nos mantiene en
movimiento.